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lunes, 17 de marzo de 2014

LA ESTRATEGIA DE DOBLE ELIMINACIÓN DEL PSN/PSOE.



En nuestra última entrada, publicada pocas horas antes de que Ferraz prohibiera al PSN seguir adelante con la moción de censura, vaticinamos lo que iba a suceder, basándonos en los pronunciamientos del principal periódico estatal de centro-izquierda y en la resolución relativa al mantenimiento del status políticoinstitucional de Navarra aprobada en el último Debate de la Nación, redactada en conformidad con los tonos apocalípticos enunciados por el diputado de UPN en el Congreso, que presentaban a nuestra comunidad como rompeolas frente al riesgo de disgregación del Estado español. 

Los comentarios posteriores surgidos al hilo de la decisión de la dirección federal del PSOE han subrayado las negativas consecuencias de la misma para el PSN en el escenario político navarro en el futuro, así como su actitud servil en relación con la actitud chantajista de UPN, su supeditación a la razón de Estado y su obediencia a decisiones tomadas fuera de nuestro territorio, obviando la voluntad y los intereses de la ciudadanía navarra y de los propios votantes socialistas en Navarra. Esas consideraciones son pertinentes y personalmente las compartimos. Ahora bien, ¿son las únicas reflexiones que deben hacerse?.

Partamos de un hecho. El axioma fundamental de la teoría de juegos es el que en sus decisiones los agentes actúan considerando también a los demás actores, barajando las reacciones que las decisiones propias van a suscitar en las decisiones de los demás. Y como es obvio, se trata de fortalecer las expectativas propias y las de los aliados más afines y de debilitar a los contemplados como adversarios y contrincantes más peligrosos. Pues bien, la experiencia de los últimos veinte años prueba que el PSN/PSOE ha optado por una estrategia de doble eliminación: tras automutilar sus posibilidades de gobernar en solitario o en situación de franca preponderancia política por los costes de la corrupción de la era Urralburu, ha desechado la vía de gobernar en gobiernos tripartitos con formaciones nacionalistas vascas y con Izquierda Unida. Además, su decisión conlleva costes y perjuicios para la existencia misma de los partidos y formaciones con los que podía coaligarse, de forma que el beneficiado absoluto de su política ha sido UPN que pudo gobernar entre 1996 y 2011 en solitario con el apoyo externo socialista o en gobiernos de coalición absolutamente asimétrica con el CDN. 

El PSN/PSOE ha jugado el papel de árbitro en cuanto a la posibilidad de impulsar el cambio político en el escenario político navarro, pudiendo haber desalojado del poder a UPN por medio de la formación de gobiernos de coalición, en tres ocasiones en los últimos veinte años: en 1995-1996, en 2007 y en 2014. En las tres ocasiones los socialistas navarros han obedecido las directrices de la dirección federal en el sentido de ceder el gobierno de Navarra a UPN. Además, en las tres ocasiones las decisiones del PSN/PSOE han tenido consecuencias en los agentes políticos que podían coaligarse con dicho partido, consecuencias que (no nos equivoquemos, puesto que las decisiones en políticas se toman con la conciencia del posible desgaste que puedan entrañar en los demás) entrarían dentro de los cálculos de los propios estrategas socialistas. 

El fin en 1996 del gobierno tripartito constituído en 1995 por los socialistas, el CDN y Eusko Akartasuna, tuvo como principal damnificado al partido liderado por Juan Cruz Alli. Recordemos que, en su primera comparecencia electoral tras la ruptura con UPN, el CDN tuvo un arranque fulgurante y que, por su posición centrada y por su asunción de un nacionalismo navarro no soberanista, integrador e incluyente, podía haber desempeñado una función en el espectro político e ideológico de Navarra muy importante, como bisagra en más de una dirección y como renovador del navarrismo de centro-derecha o de derecha. 

Juan Cruz Alli en su libro La Cooperación entre la Comunidad Autónoma del País Vasco y la Comunidad Foral de Navarra, San Sebastián, FEDHAV, 2004 (descargable en Internet) menciona múltiples pormenores acerca de las interioridades del final de aquella experiencia tripartita, posteriormente refrendados públicamente por Otano, el presidente de aquel gobierno. Asimismo, el firmante de estas líneas también pudo conocer, en conversación personal, una versión idéntica a la transmitida por Alli y por Otano de otro testigo de los hechos. 

Según cuenta Alli, en una reunión de finales de mayo de 1996 Miguel Sanz ofreció al PSN un acuerdo de estabilidad si se retiraba el apoyo al acuerdo de cooperación y a la previsión del Órgano Común con la CAV, lo que se acompañó de amenazas por parte de Rafael Gurrea que dijo que dicho acuerdo eran la gota que colmaba el vaso de lo que estaba UPN dispuesta a consentir. Con la publicación en primera página el 18 de junio de aquel año en Diario de Navarra de la noticia de que el presidente Otano era el titular de una cuenta en Suiza, cuenta de la que habían sido titulares anteriores Malón y Aragón, responsables del PSN, finalizaba una secuencia de rumores y de filtraciones informativas y judiciales iniciada semanas antes, tal y como admitieron con posterioridad Ollarra o Juan Ignacio del Burgo. A juicio de Federico Tajadura, Consejero de Presidencia de aquel gobierno tripartito, Otano y el PSN cometieron dos errores políticos graves al asumir el primero la titularidad de la cuenta y al aceptar la Secretaría General del partido, la candidatura a la presidencia, y la presidencia misma, sin depurar esa situación y las vinculaciones personales a esa situación. 

De cualquier forma, la tesis sobre un posible derribo controlado de aquel gobierno tripartito no es inverosímil: a la conducta entonces del sector del partido socialista menos proclive a la normalización de las relaciones con la CAV, se añade el comportamiento ulterior del PSN/PSOE: el nombramiento de una Comisión Gestora del partido, presidida por el catedrático de Derecho Constitucional de la UPNA Alberto Pérez Calvo, fue seguido del cese de los ataques de UPN y de Diario de Navarra a la corrupción socialista, así como de las acciones legales con las que UPN y PP amenazaron a los responsables de los anteriores gobiernos socialistas de Navarra. A cambio de ello el Gobierno de Navarra quedaba en manos de UPN y el PSN facilitaba la gobernabilidad con una oposición moderada y una actitud políticamente neutral, estado de cosas que perduró una buena serie de años. Después de todo aquello, el CDN bajó de 10 escaños en 1995 a 3 en 1999, a 4 en 2003 y a 2 en 2007. Su presencia como miembro minoritario en dos gobiernos de coalición con UPN (entre 2003 y 2007 y entre 2007 y 2009, rompiéndose el de esta última legislatura por discrepancias en relación con la Ley del Vascuence) fue el umbral del total desdibujamiento de la formación centrista. 

En el año 2007 el fracaso de las negociaciones entre el PSN/PSOE, Nafarroa Bai e Izquierda Unida de Navarra (de las que hizo un seguimiento ciertamente interesante el blog Nabarratik)  no sólo tuvo como telón de fondo el final de las conversaciones de Loiola en el otoño de 2006 y la persistencia de la acción criminal de ETA (que el 30 de diciembre de 2006 puso fin al alto el fuego permanente mantenido desde el 22 de marzo del mismo año con el atentado de la T4 de Madrid y a la que el 2 de julio de 2007, en pleno proceso negociador del gobierno de Navarra, las fuerzas de seguridad interceptaron un coche con más de 200 kilos de explosivos). También incidió la posibilidad de un inminente anuncio por parte del lehendakari Ibarretxe de una nueva hoja de ruta que incluía un proceso acordado con el Estado a refrendar con un referéndum vinculante y, en el caso de no llegarse a pacto alguno, una consulta no vinculante previa aprobación del Parlamento Vasco, lo que finalmente sería concretado en septiembre de aquel año. 

La cesión en 2007 del gobierno de Navarra a UPN, que se coaligaría con CDN, por orden de la dirección federal de Ferraz, desde luego, conllevó el desplome ulterior de los socialistas navarros que de los 61.000/64.000 votos y 11 escaños obtenidos en 1995, 1999 y 2003 y de los 73.000 y 12 escaños conseguidos en 2007 pasaban en 2011 a su suelo histórico: 51.000 votos y 9 escaños, con un retroceso muy severo en la conurbación pamplonesa que compromete seriamente el futuro de dicho partido allí donde el voto en Navarra tiene una mayor cualificación. 

Ahora bien, resulta excesivamente reduccionista afirmar que fue el PSN/PSOE el único afectado por el fracaso de aquel proceso negociador de 2007. Dicho desenlace también tuvo repercusiones en Nafarroa Bai, la coalición que integraba al PNV, EA, Aralar, Batzarre y a independientes y que fue capaz de emitir formulaciones novedosas y altamente renovadoras, sobre todo en el plano identitario y político institucional para la convocatoria electoral de 2007 (se puede ver aquella propuesta políticoinstitucional en Internet), hasta el punto de llegar a forzar a UPN en octubre de 2008 a romper su coalición con el PP, vigente desde 1991, por el afán de aquel partido a llegar a una entente estructural con el PSN, visto de que a su defensa de las singularidades navarras le surgía un competidor nabarrista. 

A los tres años de aquel fracaso, con los primeros pasos del proceso de normalización política, Nafarroa Bai sufrió una implosión. La primera salida de Batzarre en 2010 por entender que en la coalición primaban los criterios nacionalistas, y que se unió a IUN, fue seguida de la de EA al año siguiente por efecto de sus acuerdos con la izquierda abertzale. Al final de 2011 los restos de la coalición, mantenidos como Nafarroa Bai 2011 para las elecciones autonómicas con la suma de Aralaz, PNV e independientes, se descomponían al unirse para las elecciones generales el partido de Patxi Zabaleta a Bildu en la nueva coalición Amaiur y al integrar PNV y Zabaltzen, la asociación conformada por los independientes en septiembre de aquel año, una nueva entidad, Geroa Bai. 

Dicha implosión puede ser entendida como derivada, aparte de por las guerras intestinas producidas por cuestiones organizativas y de representación, de una confrontación de posiciones: tal y como expresaba Bixente Serrano Izko en un artículo, la de quienes piensan en la conveniencia de reunir a todos los nacionalistas en una opción política que dispute la hegemonía política a los demás agentes políticos y negocie con estos desde la defensa de su propio proyecto, y la de quienes apuestan por abrirse desde el nacionalismo a otros sectores mediante un proyecto que haga de la transversalidad su eje medular. Obviamente, la primera alternativa parte de las dudas que suscita el PSN como agente de cambio, quedando relegada la necesidad de entendimientos programáticos previos con dicha formación. En cuanto a la segunda fórmula, la operatividad de la vía trasversalista queda a expensas de la actitud que puedan mostrar los socialistas. No obstante, también hay que remarcar que, en la práctica, el discurso trasversalista, que ya quedó en sordina en la NaBai de 2007, todavía no ha sido difundido ni socializado ni siquiera por quienes lo reivindican más activamente, en cuanto que ese pensamiento se recoge en su acta fundacional: la asociación de independientes Zabaltzen. 

La negativa final del PSN/PSOE a presentar una moción de censura al gobierno de Yolanda Barcina condiciona altamente el futuro de aquel partido en Navarra. El comentarista político que desde El País apostó claramente por la solución finalmente concretada sigue aconsejando a los socialistas navarros que se encardinen a UPN de cara a los próximos años por la imposibilidad de pactar con Bildu por los razonamientos ya repetidos hasta la exasperación en las últimas semanas. No obstante, curiosamente, introduce una novedad. Según dicho autor, “tras el cese del terrorismo, una estrategia inteligente de los partidos moderados de Navarra debería impulsar políticas de cooperación con las instituciones vascas en materias culturales y otras como forma de favorecer la convivencia con el sector vasquista de la población sin ceder a las pretensiones del nacionalismo radical. Esa fue la posición del navarrismo moderado de fines de los setenta, que estuvo a punto de plasmarse en los noventa cuando un Gobierno presidido por el socialista Otano, con presencia de los foralistas moderados de Juan Cruz Alli y de los nacionalistas de EA, aprobó, al amparo del artículo 145-2 de la Constitución, un proyecto de Organo Permanente de Cooperación que decayó por la dimisión de Otano a cuenta de escándalos que afectaron a su partido por entonces”. Planteamiento que, desde luego, fue furibundamente rechazado a mediados de los noventa y que choca con las esencias ideológicas últimas de UPN y con los beneficios que depara a los simpatizantes de UPN y PSN y de los sindicatos estatalistas (por cierto, silencio ensordecedor el de UGT y el de CCOO a lo largo de todo este último mes) la política activa de exclusión de más de un tercio de la población. De cualquier forma, no hay que ser demasiado imaginativo como para pensar que si son altas las posibilidades de una grosse koalition entre el PP y el PSOE en el conjunto del Estado a partir de 2015, a poco que los números ayuden habrá con toda seguridad un equivalente foral capitaneado por UPN.

En cuanto a los demás agentes, los partidos de EH Bildu contemplarán con alborozo un reportaje reciente de El País en el que se plantea como cierta la posibilidad de un sorpasso por parte de los partidos nacionalistas, protagonizado sobre todo por aquella coalición, y que para nosotros tiene mucho de maniobra intoxicadora y de movilización del votante constitucionalista con carácter inmediato para no dar ni siquiera ocasión de que la opción vencedora en las elecciones europeas de mayo sea la que suman las dos izquierdas abertzales y EA. Para quienes encarnan el espíritu del nacionalismo y del vasquismo más templado y aperturista, los consejos de Aingeru Epaltza de abrirse incluso a sectores no considerados en absoluto como propios debería ser acompañado de todo un ejercicio de pedagogía y de socialización de mensajes hasta ahora sólo vagamente esbozado. De cualquier forma, el premio a tal perseverancia no sería ya la búsqueda de la aquiescencia socialista. Se debería reemplazar la estrategia de buscar y consolidar transversalidades con otras formaciones políticas que siempre van a defraudar expectativas por razones de orden superior a las que pueden caber en la cabeza de un ciudadano navarro, por la de buscar y consolidar transversalidades con los votantes, apelando directamente al electorado de centroizquierda con un mensaje social socialdemocrata inequívoco y con un mensaje nacionalista navarro basado en la convivencia identitaria. Quizás el esfuerzo valga la pena y haya un futuro que compense tanta decepción.

domingo, 10 de noviembre de 2013

A MODO DE HOMENAJE: SOBRE EL YO ACUSO DE DEMETRIO LOPERENA DE 2007.


El recientemente fallecido catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad del País Vasco y Decano de la Facultad de Derecho de San Sebastián de la misma Universidad, el aezcoano Demetrio Loperena Rota escribió el 10 de agosto de 2007 un artículo, titulado "Yo acuso", en el que se refería a la postura del PSN de romper las negociaciones con Nafarroa Bai, posibilitando así la continuidad del Gobierno de UPN. A modo de homenaje a su figura y considerando la persistencia de las cuestiones a las que se refería entonces, reproducimos aquel artículo, así como el comentario sobre el mismo que se hacía en una entrada en el blog Nabarratik.

El artículo decía lo siguiente:

“El presidente del Gobierno de España ha sido secuestrado por su Ejecutiva con luz y taquígrafos. Un castigo por su aparentemente errónea política antiterrorista y una maniobra descarada para que no sea el próximo presidente del Gobierno. Ninguna persona insegura o débil puede ganar unas elecciones.

Ante la pérdida de la última esperanza de normalización política en Navarra, yo acuso.

Yo acuso de discriminación planificada contra los navarros que se sienten vascos contraviniendo gravemente el principio de no discriminación que garantiza la Constitución, arts. 1.1, 3.3 (la riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección) y 9.2 (obligación de remover los obstáculos para que la igualdad adquiera su plenitud).

Yo acuso de violar sistemáticamente el art. 44 de la Constitución negando el derecho a la cultura vasca a la mayoría de los navarros.

Yo acuso de tratar institucionalmente a los navarrovascos como subciudadanos, esto es, privados de algunos derechos fundamentales, creando una suerte de guetos administrativos a través del mecanismo malicioso de convertir en sinónimas las palabras vasco y etarra.

Yo acuso de empujar a la cultura vasca al único refugio político del nacionalismo vasco.

Yo acuso de que en Navarra ser vasco y español sea imposible.

Yo acuso de vetar en el ámbito institucional lo que en el ámbito social es normal. En Navarra, en todas las familias o grupos de amigos existen vasquistas y no vasquistas y hemos aprendido a llevarlo con normalidad. Cuando Adolfo Suárez recibió el encargo del Rey de democratizar España, sintetizó con estas sabias palabras su proyecto: "Tenemos que asumir institucionalmente como normal lo que en la calle es sencillamente normal". En Navarra se sigue caminando en sentido inverso.

Yo acuso de que para promocionar en la Administración e indirectamente en muchas empresas, hay que despojarse de los aditamentos vascos, relegando su disfrute a la intimidad.

Yo acuso de practicarse la delación a los efectos anteriores.

Yo acuso de discriminar al asociacionismo navarro que incorpora señas de identidad o proyectos filovasquistas.

Yo acuso de convertir en invisibles en el exterior las aportaciones navarras a la cultura vasca.

Yo acuso de favorecer con estos comportamientos el mantenimiento de un sector de la juventud radicalizado.

Yo acuso de que en la mayor parte de las oposiciones en Navarra se da a la lingua navarrorum, como la llamaron los romanos, igual valor que al conocimiento de lenguas extranjeras.

Yo acuso de que los altos funcionarios del Estado destinados a Navarra tienen que medir sus decisiones ante el temor de ser tenidos por filovasquistas.

Yo acuso de purga previa para nombrar a los miembros del Consejo de Navarra, del Tribunal Administrativo de Navarra o, más recientemente, del Consejo de Redacción de la Revista Jurídica de Navarra.

Yo acuso de negarse a convertir en municipios vascófonos a los que sus ayuntamientos lo han solicitado.

Yo acuso de discriminar brutalmente en el plano económico a los ayuntamientos desafectos, esto es, vasquistas.

Yo acuso de hacer política antivasca hasta con las señales de tráfico.

Yo acuso de que lo que es normal en materia cultural en todas las demás comunidades autónomas con lengua propia en Navarra sea sacrilegio.

Yo acuso de promocionar prácticas políticas antidemocráticas como es el frentismo.

Yo acuso de manipular la historia de Navarra para que la lengua vasca no exista, a pesar de ser la más hablada hasta hace poco más de dos siglos.

Yo acuso de que los estudiantes euskaldunes no tienen los mismos derechos en su educación que los castellano-hablantes.

Yo acuso a la Iglesia católica de convertir al clero euskaldun en invisible; de no atender en vascuence a gran parte de los feligreses de este idioma; de hacer sentir vergüenza a muchos navarros de buena fe por hablar euskera.

Yo acuso de echar la culpa de todos nuestros males a la oposición, especialmente si es vasquista. En Navarra, a diferencia del resto del planeta, la culpa de lo malo siempre la tiene la oposición, nunca el Gobierno.

¿Estáis seguros de que "por responsabilidad", como dice Pepiño, vais a favorecer la investidura de quienes ignoran a sabiendas algunos derechos humanos de muchos navarros? ¿Estáis seguros de no estar contribuyendo a la caída de Zapatero, deseada por algunos fósiles de vuestro partido?”.

Por su parte, en el blog Nabarratik, en el que se siguió con detenimiento aquel proceso negociador, se comentaba sobre dicho artículo:

“Estamos de acuerdo con todas esas aseveraciones. En sí, lo más preocupante del boicoteo del PSOE a un gobierno transversal de convivencia y progreso con Nafarroa Bai y con IU es el hecho de que tras él late la apuesta por un sistema político, el sistema político del Amejoramiento que este año cumple 25 años, en el que el tercio del electorado vasquista queda relegado a una situación de exclusión. Ese tercio de la población queda subordinado a una posición de ciudadanos de segunda ya que, con la excusa de las "razones de Estado", se le aparta de las opciones de gobernar y administrar Navarra. Esa posición subordinada hace que los discursos constitucionalistas referentes a la igualdad de los ciudadanos ante la ley queden aquí, en la práctica, ciertamente disminuídos”.  

viernes, 19 de abril de 2013

EL BLOQUE DE DERECHAS Y EL DIARIO DE NAVARRA EN LA SEGÚNDA REPÚBLICA.





Durante la Segunda República el espacio sociopolíticoideológico de las derechas en Navarra se constituyó como un magma del que formaron parte diferentes familias políticas: carlistas, integristas, conservadores, cedistas, etc. Su expresión política fue, a partir de 1933, el Bloque de Derechas, coalición en la que confluyeron las fuerzas que integraron a partir de enero de 1932 la Comunión Tradicionalista (carlistas, mellistas e integristas) y los elementos conservadores y católicos independientes que formarían Unión Navarra en 1933, partido integrado en la CEDA al año siguiente. El carlismo, la fuerza dominante dentro de dicha coalición a causa del carácter minoritario de los demás sectores políticos que formaban parte de la misma, fue capaz de desarrollar una inteligente política de asociación con esas otras sensibilidades ideológicamente próximas por medio de la cesión de puestos relevantes en las candidaturas. Esa estrategia benefició al conjunto de la derecha porque la derecha no tradicionalista conseguía extenderse electoralmente gracias a la enorme porosidad del carlismo en las capas populares, especialmente de la Montaña y de la Zona Media, y el carlismo lograba adentrarse en ámbitos geográficos como el de la Ribera o en ámbitos sociales como el de la alta burguesía o las minorías intelectuales, en los que los elementos que conformarían Unión Navarra tenía mayor implantación. 

Por otra parte, dentro de ese espacio ideológico de las derechas tuvieron también importancia capital sus órganos de prensa, sobre todo Diario de Navarra. Este periódico, con una difusión de 10.500 ejemplares en 1931, de 13.000 en 1932-1934 y de 20.000 en 1935-1936, tenía una tirada muy superior a la de El Pensamiento Navarro, limitada la de éste último a unos 2.000. Además, Diario de Navarra se caracterizó por una gran transversalidad relativa en relación con los sectores de aquel espacio, acogiendo a miembros de las diversas familias de la derecha navarra tanto en su Consejo de Administración, en donde estaban presentes la mayoría de los notables que formaban parte de la élite de poder provincial, como en su Consejo Editorial y en su Redacción. 
 
Aunque entre los fundadores en 1903 de La Información S. A., la empresa propietaria del Diario, predominaban los ligados al partido conservador, posteriormente podemos encontrar figuras que eran o serían mellistas, mauristas, integristas, de Unión Navarra, de Renovación Española... En 1932 formaban su consejo de administración Genaro Larrache, ex maurista de familia carlista; José Sánchez Marco, presidente en Navarra de la Junta Regional del Partido Integrista; y Francisco Uranga, uno de los fundadores de la Falange en Navarra.

En la tertulia diaria a las 15,30 que decidía la línea editorial del periódico participaban el Director, Raimundo García; el subdirector, Eladio Esparza; el Presidente del Consejo de Administración Jenaro Larrache; Pedro Uranga, miembro muy influyente del consejo de administración, y Luis Ortega Angulo, persona de mucho peso en la empresa y tesorero de Renovación Española.

Por lo que respecta a la redacción, aunque se ha insistido a menudo en el peso ideológico del Director, Raimundo García (conocido también por sus seudónimos Garcilaso o Ameztia), somos de la opinión de que en los aspectos que se referían a la política interna de Navarra durante la Segunda República el protagonismo mayor en cuanto a la creación de mensajes ideológicos correspondía al lesakarra y tradicionalista Eladio Esparza, autor de una columna diaria con diversos nombres (entre ellos, Postales, Rodela, Estampas Forales, a veces simultáneas) y seguramente también autor de la mayoría de las Notas sin firma del periódico. 
 
Director del periódico jeltzale La Voz de Navarra entre 1923 y 1925, con una remuneración de 6.000 pesetas anuales, la más alta que se cobraba en la prensa pamplonesa por aquel entonces, mil más de las que recibía Garcilaso en Diario de Navarra, Eladio Esparza pasó en 1929 a este último periódico con la categoría de redactor-jefe, culminando su tránsito ideológico desde el nacionalismo vasco a un navarrismo foral de derechas que combinaba un férreo españolismo político con un innegable vasquismo cultural. Desde nuestro punto de vista, fue Esparza, él mismo miembro de la Comunión Tradicionalista, sobre quien recaerían los méritos de abrir las páginas de Diario de Navarra a diversos escritores navarros de gran importancia para la creación de opinión para los sectores de la derecha durante la República y que publicaban con una gran regularidad en él. Entre ellos, destacaríamos en especial a dos. El primero, Hilario Yaben, canónigo de Sigüenza, de ideología integrista/tradicionalista y que protagonizó junto con Esparza a lo largo del debate estatutario de 1931-1932 una enconada oposición a los tres proyectos que se sucedieron de Estatuto Vasconavarro y que planteaban una región autonóma común entre Navarra y los demás territorios vascopeninsulares. El segundo autor era Fermin Yzurdiaga Lorca: colaborador de Diario de Navarra desde 1929 y responsable de una sección quincenal dentro de él titulada Catolicismo y de una sección de una cierta regularidad llamada Cymbalum mundi, enriquecía gráficamente sus textos con las tipografías e ilustraciones de Angel María Pascual, preludiando el falangismo católico que le caracterizaría tras hacerse en 1936 con la dirección del órgano falangista ¡Arriba España!, periódico surgido tras la requisa en julio de 1936 de la maquinaria e instalaciones del periódico peneuvista La Voz de Navarra.

Tampoco hay que olvidar que las páginas de opinión de Diario de Navarra se vieron enriquecidas en momentos determinantes con las aportaciones puntuales de tradicionalistas como Víctor Pradera o el conde de Rodezno, de conservadores como Pedro Uranga o de cedistas de Unión Navarra como Rafael Aizpún.

Sea como sea, la importancia del Diario de Navarra en el mapa político navarro de la época y la consideración de su capacidad articuladora de la opinión pública, con posicionamientos propios que iban más allá de los diferentes partidos de la derecha, motivó que la candidatura del Bloque derechista le ofreciera un escaño en la persona de Raimundo García en las elecciones de 1933 y de 1936, saliendo elegido diputado en las dos.

Todos los sectores que confluían en ese espacio socioeconómico de las derechas encontraron unos puntos de comunión en todos aquellos aspectos contrarios a todos los caracteres propios de la izquierda o del nacionalismo vasco o pregonados de la Constitución republicana (laicismo, liberalismo, republicanismo, parlamentarismo, socialismo, separatismo). Algunos elementos de disenso provocados por el mayor apoyo de los sectores populares del carlismo a las prácticas del catolicismo social, que podían contravenir los intereses de los terratenientes directamente representados por algunas personalidades de la Comunión Tradicionalista como Rodezno o Sánchez Marco, o por las simpatías vasquistas de antiguos jaimistas o de algunas personalidades de Unión Navarra, tildadas de filonacionalistas por parte de los sectores más agresivos con el nacionalismo vasco y con el Estatuto Vasconavarro, fueron orillados en base a la exaltación de los ingredientes con mayor capacidad de fusión (catolicismo militante, defensa del Estado confesional, visión pesimista de la modernidad, defensa de la familia y de los valores tradicionales, foralismo españolista) en beneficio sobre todo de la oligarquía local, cómodamente instalada en el conservadurismo social. Todo ello acompañado con una llamada constante, desde el mismo inicio del periodo republicano, a la movilización que presentaba a Navarra como la Covadonga desde la que se llevaría cabo la restauración de los viejos valores en el resto del Estado.

Durante toda la República las derechas en Navarra fueron mayoritaria en los ayuntamientos y contó con el sostén de la mayoría del electorado en las elecciones a Cortes.

En las elecciones a Cortes constituyentes de 28 de junio de 1931, en Navarra, así como en Guipúzcoa y Vizcaya, los partidos que a partir de 1933 constituirían el Bloque de Derechas conformaron la coalición católico-fuerista junto con el PNV en un programa que pivotaba sobre la defensa del catolicismo y del Estatuto de Estella que pretendía establecer un espacio geográfico autónomo en el que aquél estuviera salvaguardado. Dicha candidatura católico-fuerista venció con cinco diputados en Navarra y el 64 por ciento de los votos, frente a dos diputados republicanosocialistas que sumaron el 36 por ciento de los votantes. Las izquierdas solamente ganaron en Pamplona, en la Ribera y en algunos valles pirenaicos. Los cinco diputados católicofueristas navarros formaron parte del grupo parlamentario de la minoría vasconavarra, constituído por quince parlamentarios en total, hasta finales de 1931, momento éste en que se rompió de hecho por la aceptación del PNV de la legalidad republicana.

En las elecciones a Cortes de 19 de noviembre de 1933 el Bloque de Derechas triunfó fácilmente: copó los siete diputados navarros y convirtió su hegemonía, con más del 71 por ciento del electorado, en indiscutible ante unas izquierdas, divididas en varias listas, situadas en total en torno al 20 y un PNV que, yendo en solitario, no pasó del 9. La izquierda sólo ganó en una decena de localidades de la Ribera. El gráfico que encabeza esta entrada representa los porcentajes obtenidos por cada lista.

En las elecciones a Cortes de 16 de febrero y 1 de marzo de 1936, en un ambiente altamente exacerbado, se repitieron prácticamente los resultados de 1933: el Bloque de Derechas, con el 70 por ciento de los votos, volvió a copar los siete escaños navarros, quedando el Frente Popular con el 21 por ciento y el PNV con el 9.

En relación con su presencia en la Diputación, si bien su presencia fue mínima en las Comisiones Gestoras de la misma, de designación gubernativa, que se sucedieron en la Diputación desde abril de 1931 a enero de 1935, pasaron a dominarla después de las elecciones provinciales de esa última fecha, celebradas gracias a las concesiones efectuadas por el Partido Republicano Radical. Así, la Diputación navarra era la única en el Estado que no estaba en manos del Frente Popular en 1936.

Como se ve, por lo tanto, el entramado políticomediático de las derechas navarras no es de ahora, sino que arranca de ochenta años atrás. Lo mismo sucede en una parte nada despreciable de los contenidos de sus mensajes ideológicos. Consecuentemente estamos hablando de una cultura política asentada desde muchos decenios y cuyos puntos de vista se han transmitido a lo largo de varias cohortes generaciones como fórmulas ideológicas heredadas en el seno de muchas familias navarras y que, hoy en día, actualizadas con arreglo a los cánones del sistema socioeconómicopolítico vigente y a las exigencias de la modernidad, siguen siendo el basamento del ideario político de una parte importante del electorado navarro, precisamente el que suele ofrecer su apoyo al partido más votado en nuestra comunidad. Tras unas semanas en las que una moción de censura, finalmente derrotada, ha abierto el debate sobre las posibilidades de constitución de mayorías alternativas de gobierno, creemos relevante subrayar todo lo anterior, y también tenerlo en cuenta, a la hora de reflexionar sobre las propuestas y estrategias ideológicopolíticas encaminadas a la concreción de aquéllas.